Cuando te pide una emo que le abras una litrona, cuando te mandan a ir a comprar limones al Corte Inglés, cuando vés como se cargan una caja registradora y ves a un trío debatiendo sobre que puro es mejor, todo te hace pensar que estás pasando una noche especial, ¿no?. Siento deciros a todos los que penséis esto que sois un poco ilusos y que no me conocéis tan bien como creéis.
Todo comenzó cuando quedé con Cotry y con Clara. Pero por ése gran amigo nuestro, llamado
destino, acabamos en el
Refugio, con Fran, Felipe, Jaime, Enrique y Alvaro tomando un cafetito...y poco a poco se sucedieron los acontecimientos, con,
la compra de los limones...

Si, habéis leido bien. Comprar limones, puesto que Silvia, la camarera del Refugio nos pidió haerle ese favor, y como buenos chavales y clientes, no nos negamos. Pero éstas cosas, a las 21 de la noche, a punto de cerrar los comercios, tienen en nosotros una serie de efectos (y sobretodo en Fran), que provocan un suceso que viene siendo conocido como el
síndrome de la pinza huída. Sí, habéis leído bien, solo a Fran se le ocurre preguntar en una tienda de perritos calientes si tienen limones. Como comprenderéis, ver a Fran comprando limones es muy gracioso y divertido, sobretodo si es la primera vez que le ves hacer eso. Obviaré detalles, pero me quedo con la cara del dependiente del Corte Inglés cuando vió cómo tirábamos las mallas de limones y se fué a ¿proteger? las mallas de mandarinas y naranjas...por lo que pudiera haber pasado.
Pero claro, nosotros queríamos algo más fuerte, y lo que a continuación cuento nos proporcionó a Cotry un atracón de risa. Silvia no sólamente se cargó la caja registradora con una soberana leche (todavía estamos viendo como la puede abrir), sino que hubo alguno como Enrique que se tomó un Radical por toda la jeta, acompañado, eso si, con un Montenegro, un puro. Y a mi lado, Alvarito
el chimenea (rebautizado, puesto que lo de
el tapicero tiene ciertas connotaciones negativas que algún día atenderemos) fumándose un
trabuco, y a su vera, como siempre, Jaime con un
Don Tomás. Resultado: Enrique y yo compartimos el puro, eso sí, acompañándolo yo con una Guinness...y bueno, no fue nada mal.
La noche, la acabé en el Jueves, donde negándome a beber esa meada de burra llamada coronita, me fui hacia mi casa, que uno tiene que estudiar (si, saco tiempo para ello, aunque no lo parezca).
Continuará (sin duda).
Foto: Fran pagando los limones
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