Flamenrock
Rikhard Rydell

Madrugada del viernes a sábado, la una y pico de la noche y comienza el espectáculo. El cantaor mas heavy de todo el medio levante español, Alvarito
el Tapicero se arranca unas soleás. A su vera, Jaime
el Purito con las segundas voces, purito en el carrillo, mientras que Alo y un humilde servidor al coro de palmas...y todo esto en el Refugio, un bar rockero por antonomasia (ahora quién lo diría al ver la fauna que lo habita cada finde).
Pero vayamos al grano. Con mucho ruido de por medio (no olvidemos que el último viernes de cada mes se hace un karaoke heavy y muchos se encargan de rebentar míticas canciones),
el Tapicero arrancó con lo mejor de su producción. No había miedo a ser ignorados, puesto que la experiéncia nos ha enseñado que no hay vergüenza más grande que la que vayas a pasar en el momento en el que quieras liarla, pero es un riesgo que tenemos asumido todos. Estamos hechos para el espectáculo.
Pero mola, porque, en esos momentos en que Alvarito le da por pataneras, no hay nadie que le (nos) pare. Fluye en él el arte y su cuadrilla (de la cual a veces he formado parte) convierte esa voz descarriada en un digno homenaje a Ketama, a Manolo Caracol (siempre y cuando lleve su guitarra) y al
Cigala.
Hoy no sé lo que toca...quizá el maestro nos saca algo, quizá nos deleita con algún clásico del rock, quizá hoy no pasa nada...pero la imagen de Álvaro, Jaime fumándose el Montecristo, mientras que Alo y yo, acompañamos el ritmo a palmas se recordará durante tiempo en la ciudad.
Volveremos...
(Foto: El lugar del
espertáculo)
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