El gilipollerismo (1ª y 2ª parte)
 SOBRE EL GILIPOLLERISMO

1ª parte 

La verdad
es que cuando he intentado pensar esta mañana del tema con el que podía publicar hoy, he escuchado en la radio este termino. El gilipollerismo.

¿Una palabra inventada?, ¿una expresión sin sentido?, ¿un reducto de la idiotez en la mente de unos iluminattis?. Es como un todo en uno. El gilipollerismo está a la orden del día. Si buscas a tu alrededor, encontrarás el que llamo yo “gilipollerismo de andar por casa”: Pongo un ejemplo que tengo muy a mano: pese a que en los patios y pasillos de mi comunidad de vecinos está prohibido fumar, siempre hay unos personajes, que tienen la santa manía de echarse el piti allí, pese a las alarmas antihumo (que han llegado a desconectar para no ser delatados), las pegatinas de prohibido fumar (que las han arrancado de cuajo) e incluso, las conversaciones que hemos tenido…pero ellos, a lo suyo. Dicen “si, si”, y montando en el ascensor encienden tan calmados un fortuna…

Luego, tenemos el gilipollerismo intelectual: es aquel en el que un personaje, más o menos famoso, nos enseña sus dotes de conocimiento a nosotros, la plebe, la morralla de la sociedad. Una muestra de éste, el más absurdo y sutil que hay ahora mismo es el de Juanma Lillo, entrenador del Almería, dueño de expresiones tan filosóficas como ésta, a partir de la contratación de los entrenadores de fútbol: "Tengo claro porqué nos echan a los técnicos:  por perder. Lo que aún no sé es porqué nos contratan. Es un misterio como el de la Coca Cola".

Después de éstas líneas, os dejo que penséis sobre lo leído. Estaría agradecido de saber más ejemplos de gilipollerismo. Como veis, está a la orden del día y aunque suene irónico lo que voy a decir, lo necesitamos. 
 
 
 
2ª parte
 
Como cada mañana, bajo al supermercado que está a pocos metros de mi casa para realizar la típica compra diaria, y como casi siempre, aguanto el gilipollerismo de la cajera, porque, aunque no lo creáis, todos lo hemos sufrido alguna vez, y nos jode más de lo que creemos…

Pongamos un ejemplo. Vas tranquilamente a la cola de la caja registradora, y justamente, con la persona que tienes delante de ti en la cola, la cajera y ella se enzarzan en una conversación que sólo acaba cuando la dependienta dice una frase mítica: “oye Caqui, luego te llamo que creo que tengo trabajo”. Por entonces, cuando llega a tan sublime conclusión, tú estás tan quemado que crees que la baguette se ha puesto ya correosa, el arroz se ha cocido en tu mano y tienes un cabreo solamente comparable por el doble del importe total de la compra.

Pero lo peor está cuando te toca a tí, porque te trata como una vulgar mierda. Sus frases favoritas son “son cinco con veinte”, “no tengo cambio de diez” y mi favorita “lo has pesado mal, vuelve a pesar las peras en la sección de frutería”.

Es entonces cuando te das cuenta que en el mundo no hay equidad y que hay tanto gilipollas por kilómetro cuadrado, que tu mismo te sorprendes de no ser como ellos…con un poco de suerte y no siendo tan pasotas…quizá todo fuera un poco mejor, ¿no creéis?.
 
 
 
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