El gilipollerismo (2ª parte)

Como cada mañana, bajo al supermercado que está a pocos metros de mi casa para realizar la típica compra diaria, y como casi siempre, aguanto el gilipollerismo de la cajera, porque, aunque no lo creáis, todos lo hemos sufrido alguna vez, y nos jode más de lo que creemos…

Pongamos un ejemplo. Vas tranquilamente a la cola de la caja registradora, y justamente, con la persona que tienes delante de ti en la cola, la cajera y ella se enzarzan en una conversación que sólo acaba cuando la dependienta dice una frase mítica: “oye Caqui, luego te llamo que creo que tengo trabajo”. Por entonces, cuando llega a tan sublime conclusión, tú estás tan quemado que crees que la baguette se ha puesto ya correosa, el arroz se ha cocido en tu mano y tienes un cabreo solamente comparable por el doble del importe total de la compra.

Pero lo peor está cuando te toca a tí, porque te trata como una vulgar mierda. Sus frases favoritas son “son cinco con veinte”, “no tengo cambio de diez” y mi favorita “lo has pesado mal, vuelve a pesar las peras en la sección de frutería”.

Es entonces cuando te das cuenta que en el mundo no hay equidad y que hay tanto gilipollas por kilómetro cuadrado, que tu mismo te sorprendes de no ser como ellos…con un poco de suerte y no siendo tan pasotas…quizá todo fuera un poco mejor, ¿no creéis?.

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    Rikhard Rydell
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