Indignarse por la flagrante violación del principio de reciprocidad es malgastar el tiempo. El que pierda los nervios por ello no merece nada más. Mientras la cosa no pase de injurias y reclamaciones absurdas será mejor reaccionar con calma implacable y dejar a los instigadores y gritones encerrados en su propia paranoia. Puesto que son inmunes a los argumentos, sobra entrar a discutir sus insulsas y repetitivas consignas. Pero cuando se trata de actuar ante incendios provocados, toma de rehenes y asesinatos, sólo el monopolio de la violencia que la policía y la justicia poseen, puede ayudar.
A partir de ahí, a más tardar, el famoso "diálogo", ensalzado como panacea, se revela como un autoengaño. Precisamente, sociedades libera como la holandesa, tuvieron que aprender que la táctica de la banalizaci´n y falsa moderación no sirve para poner dique a conflictos con inmigrantes hostiles, sino que los agrava. Favorece el ascenso de partidos populistas de derecha y su consecuente escalada de violencia.
(Hans Magnus Enzensberger. El Perdedor Radical)
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