Los intelectuales han descubierto que las masa no los necesitan para saber: ellas saben perfectamente, mucho mejor que ellos, y además lo dicen muy bien. Sin embargo, existe un sistema de poder que intercepta, prohíbe, invalida ese discurso y ese saber.
Ellos mismos, los intelectuales, forman parte de ese sistema de poder, la propia idea de que son los agentes de la "conciencia" y del discurso forma parte de ese sistema. El papel de intelectual ya no consiste en colocarse "un poco adelante o al lado" para decir la verdad muda de todos; más bien consiste en luchar contra las formas de poder allí donde es a la vez su objeto e instrumento: en el orden del "saber, de la "verdad", de la "conciencia", del "discurso".
(Michel Foucault. Un diálogo sobre el Poder)
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